Bierce no murió. La amargura lo momificó en vida, así que que sigue respirando, caminando y, lo más importante, escribiendo, aunque no necesita comer ni (por consiguiente) ir al baño.
El otro día, Ambrose se acercó a mi casa para pedirme que le devolviera la SUBE. De paso me dejó un manuscrito titulado "No hay modo de salir de este ascensor".
Todavía no me atreví a leerlo.
El otro día, Ambrose se acercó a mi casa para pedirme que le devolviera la SUBE. De paso me dejó un manuscrito titulado "No hay modo de salir de este ascensor".
Todavía no me atreví a leerlo.